Decálogo para la Revolución Individual

EN CONSTRUCCIÓN: ¡ESTRENAMOS “DECÁLOGO PARA LA REVOLUCIÓN INDIVIDUAL” ON LINE EN 2014!

Texto de Introducción:

Una puta excusa

Extracto del texto escrito por L. Martínez de la Rosa para el Catálogo de la exposición Norte/Sur/Este/Oeste de la Sala d’Art Josep Bages del Centre d’Art Torre Muntadas del Prat de Llobregat.

(13 de mayo de 2012)

 

“(…) Si algo hemos aprendido los supervivientes del diluvio posmoderno es esto: el arte es una puta excusa para cualquier cosa. Una excusa para especular, para sobrevivir, para construir identidades, para generar relatos, para difundir ideologías, para educar, para ganar votos, para protestar e incluso para hacernos creer que no podemos vivir sin él. Bendito sea el muy cabrón.

De pequeño me contaron que el arte era algo así como un lugar sagrado habitado por seres visionarios. “¿Lo ves?” me decían “este artista se adelantó cien años a su tiempo”. Después yo, delante un pequeño lienzo en blanco, cerraba fuerte los ojos y proyectaba mi consciencia cien años más adelante a la espera de que apareciera en mi mente esa imagen revolucionaria que confirmara aquello que yo deseaba ser, un maldito genio del arte.

Con el tiempo me fui dando cuenta que esto no era más que una de las muchas mentiras que conformaban el andamiaje de mi construcción subjetiva. Mentiras piadosas como esta u otras como: mi título universitario, la transición modélica, la democracia, la propiedad privada, la patria, el amor para toda la vida o la tarjeta de crédito. Pero a pesar de ello yo seguía creyendo en el arte como una víctima de estos mismos fraudes. Si bien aprendí que el arte no era ese espacio de inspiración sobrehumana con el que me habían enseñado a soñar, empecé a alimentar la creencia de que en realidad se trataba de un territorio de resistencia, empoderamiento e incluso redención. Estaba convencido de que el arte, el  de verdad, era una poderosa arma con la que estábamos salvando el mundo.

Pero una vez más me equivocaba. A pesar de mi firme convicción el mundo cada vez iba peor y el supuesto poder del arte seguía sin aparecer a penas, o por lo menos yo era incapaz de verlo.

En esta permanente caída por la ladera del conocimiento crítico choqué un día con esta dichosa frase: “esto no es más que una puta excusa”. La pronunciaba un policía al que unos jóvenes estudiantes de Bellas Artes intentaban convencer de que eso que estaban haciendo no era otra cosa que una inofensiva obra de arte y que nada tenia que ver con un acto de incumplimiento de las ordenanzas municipales. “Eso” era arte y no una escena de sexo sadomasoquista en medio de esa plaza de esa idílica, ejemplar y tranquila población. Ese día asumí que “eso”, por suerte, no era más que una puta excusa. Para bien o para mal.

El poeta surrealista André Bretón arengaba a los artistas a “salir a la calle con un revólver en cada mano y, a ciegas, disparar cuanto se pueda contra la multitud”. Al leer esta frase yo siempre entiendo: “contra la multitud” y a favor de una nueva sociedad. Y al final, en mi opinión, esa es la única puta excusa.

Cuando los responsables de la Sala d’Art Josep Bages del Prat de Llobregat invitaron a Èrika Sànchez i Xavier Estaban a realizar alguna pieza reflexiva dentro de la exposición de la emergente artista local Olga Merchán, ellos decidieron poner en juego la excusa sin reparos.

Ni cortos ni perezosos (literalmente), echaron mano de su colección de rarezas audiovisuales (películas encontradas en mercados de segunda mano, videos de capturas en la red, películas prestadas por amigos, etc.) para conformar una propuesta curatorial, una play list, que presentaron como un decálogo para una supuesta revolución individual. Un llamado a necesidad de movilización personal para el cambio social.

Cada uno de los videos seleccionados por los dos realizadores, convertidos para la ocasión en comisarios, es un alegato a la contingencia del propio objecto artístico. Si bien algunas de las piezas seleccionadas fueron creadas, aparentemente, con una intención artística, la mayoría de ellas es obvio que no lo fueron. Videos familiares, informativos, educativos, alegatos políticos, fragmentos descartados de documentales, etc. Cada una de estas piezas fue resiginficada dentro de este decálogo que no está compuesto de mandamientos sino de preguntas, contradicciones e incoherencias sugeridas.

Si se esfuercen en intentar desvelar o entender el significado de cada uno de los videos, carece de importancia. Ninguno de ellos fue elegido por su mensaje original sino como una puta excusa para provocar, en contacto con los otros y con la propia exposición, un cuestionamiento general, una enmienda a la totalidad, al compromiso individual de cada uno de nosotros (y en especial de los artistas) en la construcción de ese otro mundo posible. (…)”

 

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